Una buena experiencia del desarrollador, o DevEx, es aquella en la que los desarrolladores se integran de manera fluida, tienen acceso a todas las herramientas, documentación y flujos de trabajo diarios que necesitan, y pueden alternar entre trabajo individual y colaboración con el resto del equipo. En definitiva, que puedan completar tareas de forma rápida y eficiente. Con un buen DevEx, los desarrolladores experimentan todo el ciclo de vida de la entrega del software en conjunto y no solo con herramientas aisladas.
Por otro lado, una DevEx deficiente implica que los desarrolladores deben cambiar constantemente de contexto entre pipelines de CI/CD lentos, herramientas ineficientes y equipos. La documentación es escasa, difícil de encontrar y desactualizada. Existe una alta dependencia de procesos manuales y transferencias entre desarrolladores. Además, la incorporación es muy compleja, lo que hace que los nuevos empleados tarden mucho en aportar valor.
Como puedes imaginar, una mala DevEx se convierte enseguida en un problema para el negocio. Casi de inmediato, empieza a afectar los tiempos de entrega, la calidad de tu producto y la moral de tu equipo. Y tiene consecuencias, como una menor retención del talento más destacado.